miércoles


Una palabra puede ser más potente que una lluvia de misiles, porque una palabra dicha, o no dicha, gritada o susurrada puede desatar una revolución.
Uno no se da cuenta de todo lo que tiene para decir hasta que empieza a decirlo. Las palabras están ahí, atrapadas en tu cabeza, quieren salir, quieren ser dichas, quieren ser gritadas.
 Cuando alguien me discute mucho le termino dando la razón. Cuando siento miedo me burlo de los cobardes. Cuando estoy furioso con alguien le digo “no dejá, está todo bien”. Para eso sirven las palabras, para ocultar lo que sentís.
Uno cree que las palabras dan respuestas, pero dan algo más poderoso: preguntas.
Decir algo es muy potente, pero más potente aun es no decirlo. Porque el silencio también tiene palabras, pero son palabras guardadas, elegidas, que esperan pacientes el momento de ser reveladas.

A veces solo hace falta abrir la boca para que se desate un huracán.